Eventos y Constructos

E

Noel W. Smith

Primer capítulo del texto original:

THE MYTH OF MIND: A Challenge to Mainstream Psychology and Its Imposed Constructs

Publicado con el permiso del autor (Traducción: Jorge Campo)

El texto entero está disponible ya traducido al español en nuestra página en formato PDF y Epub:

El mito de la mente. Un desafío a la psicología convencional y sus construcciones impuestas

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Eventos y constructos 

Los psicólogos de hoy en día no sólo están en desacuerdo sobre cuál es su temática, sino que su campo está igualmente muy fragmentado en sus enfoques teóricos y metodológicos. Esto se debe en parte al aumento de las especializaciones, pero también a los antiguos desacuerdos sobre los constructos de la psicología.

¿La psicología trata sobre la conciencia, el yo y el procesamiento de la información? ¿Sobre el estudio de la mente y las representaciones mentales del mundo? ¿Es un estudio del comportamiento influenciado por una mente cognitiva? ¿Es sólo comportamiento? ¿Es la acción del cerebro sobre el organismo? ¿Son interacciones de organismos y objetos en un contexto? ¿O es una acción de la mente y el cuerpo? 

Gran parte del desacuerdo proviene del fallo de no distinguir eventos de constructos y en construir constructos científicos sobre eventos de los cuales se derivan las construcciones en lugar de comenzar con constructos e interpretar eventos observados de acuerdo con esos constructos. Es decir, el fracaso es doble: la confusión entre constructos y eventos y el consiguiente fracaso para desarrollar constructos científicos válidos.

Algunos académicos como Skinner (por ejemplo, 1953, 1990) y Kantor (por ejemplo, 1922, 1953, 1981) atacaron el problema repetidamente durante un período de muchas décadas. Kantor (1963-1969) atribuye la causa subyacente del defecto a nuestra cultura espiritista: Los constructos no provienen de la observación sino de nuestras creencias culturales. A menudo, las construcciones que se desacreditan en la ciencia simplemente toman nuevos nombres. Por ejemplo, el alma se convirtió en la mente que se convirtió a su vez en poderes cerebrales o procesamiento. Estos constructos continúan en uso a pesar de su dudoso estatus científico. 

 En un libro sobre cuestiones teóricas de la psicología, Bem y Looren de Jong (1997) describieron el texto como una “guía completa” pero no mencionaron la cuestión crítica de los constructos. Los autores estaban en una compañía venerable, ya que los debates durante muchos siglos sobre la naturaleza de la mente y el cuerpo tampoco reconocieron la naturaleza de los constructos y su confusión con los eventos, probablemente debido a la influencia de los supuestos culturales. La confusión continúa hoy como lo ejemplifican Reber y Reber (2001) quienes afirmaron en su diccionario psicológico que “se infiere un constructo siempre que se puede establecer una relación entre varios objetos o eventos” (p. 148). No es el constructo lo que se infiere, porque la inferencia es un constructo.

Los constructos objetivos o científicos, a diferencia de los constructos culturales, como la mente en un cuerpo, se basan en la interacción observada de objetos o eventos. Podrían tomar la forma de una correlación, diagrama, descripción u otros medios para designar un evento. De varios diccionarios de psicología, Colman (2006) se acerca a una buena comprensión de un constructo cuando lo define como “un modelo basado en la observación guiada por un marco teórico”. 

 Este libro abordará los dos temas: la distinción entre eventos y constructos y el uso adecuado de constructos. Debido a que la ciencia se basa en observaciones de eventos de los que se derivan constructos, una comprensión completa de la distinción entre ellos y el uso adecuado de estos últimos es de importancia crítica para el avance de la ciencia.

El hecho de no hacer esta distinción ha sido un impedimento importante en los intentos de desarrollar una ciencia de la psicología. En un contexto u otro y en diversos grados este problema ha sido abordado por otros, como algunos de los aquí citados; pero este libro se concentrará principalmente en este problema y tratará de identificarlo más claramente. 

Proporcionará ejemplos de uso y usos indebidos y sugerirá algunos criterios que podrían aplicarse a la investigación científica. Incluso con la fuerte influencia de la cultura que apoya los usos indebidos, los criterios pueden proporcionar pautas para evitar algunos de los peligros. 

Un constructo (o construcción) es, como su nombre indica, algo que se construye y no es un evento observado. Es una invención o una estratagema. De hecho, cualquier cosa que no sea un evento pero que lo represente o pretenda representarlo es una construcción: una teoría, una hipótesis, un principio, una fórmula matemática, una medida. Todos ellos están construidos. Incluso una descripción es una construcción, porque no es lo que describe. El trabajo científico es principalmente un procedimiento de desarrollo de constructos; pero, como señaló Kantor (1957), “las entidades hipotéticas no pueden crearse arbitrariamente” (p. 59). 

Kantor se refirió a las precauciones necesarias para cada uno de los tres tipos de constructos. 

Los constructos descriptivos, sostuvo, son más válidos y útiles cuando se derivan de contactos con eventos; son de validez y utilidad decrecientes cuando son (a) analogías, (b) tomados de otros campos como la biología o la física, y (c) invenciones totales como el cerebro como órgano psicológico.

Los constructos explicativos (causalidad) pueden relacionar la psicología con la biología, la química y los acontecimientos sociales, pero no pueden reducirse a ellos. Son formas más analíticas de relacionar cosas y eventos que una simple descripción (Kantor, 1983), pero aún pueden considerarse como maneras de descripción. La explicación construye un cuerpo de conocimiento cuando un funcional – una descripción de relaciones o interacciones – se integra con otro que se ha relacionado funcionalmente con otros. 

Los constructos manipuladores se denominan así porque se reformulan o modifican para facilitar la investigación. Implican problemas, teorías e hipótesis que sólo pueden validarse si están “conectados de manera segura con los eventos” (Kantor, 1957, p. 59). 

El alma de Descartes, las mónadas de Leibnitz, las impresiones de Hume, las ideas y sensaciones de Locke, los resortes cerebrales de La Mettrie, la unidad trascendental de apercepción de Kant, las energías nerviosas específicas de Müller, la química mental de J.S. Mill, las sensaciones de Titchener, la O de Woodworth, el isomorfismo de Köhler y los impulsos de Hull, por nombrar sólo algunos, son todos constructos de la historia de la psicología. 

Sin embargo, lo que es fundamental para la psicología científica, como han señalado varios autores durante un período de medio siglo (por ejemplo, Ebel, 1974; Kantor, 1947, 1953, 1957; Lichtenstein, 1984; Moore, 1998; Observer, 1983; Smith, 1993a, 2001), es si el constructo se derivó de un evento o se le impuso. 

En todos los casos históricos citados, los constructos se extrajeron de fuentes culturales tradicionales y se impusieron a los hechos. Por ejemplo, Titchener observó los reportes de sus sujetos sobre sus respuestas a tareas experimentales, pero asumió que estaba investigando elementos mentales e impuso este constructo en los informes. 

Estas construcciones históricas son continuas con las actuales, como las representaciones mentales, el almacenamiento y la recuperación, el procesamiento, la conciencia, la voluntad y el yo, que son omnipresentes en la psicología convencional. Los eventos son ver, creer, recordar, pensar, imaginar y otras acciones humanas concretas. Un evento es todo lo que sucede, lo sepamos o no. Los eventos pueden ser examinados y conocidos a través de

(a) observación directa con o sin uso de instrumentos pero con mínima manipulación de los eventos objetivo,

(b) transformando contactos que involucran manipulación, y

(c) observaciones remotas que requieren contacto indirecto e inferencia (Kantor 1953, págs.15-16). En el trabajo científico, la conexión permanece firme sin importar cuántos vínculos ocurran entre los eventos objetivo y el investigador. 

La distinción entre constructos y eventos es fundamental. Determina, por ejemplo, si tratamos al cerebro como un determinante de la conducta o como un participante, la percepción como una representación o una interacción organismo-objeto, el recuerdo como almacenamiento o como una recreación, la inteligencia como un poder o una descripción, la actividad humana como una conexión mente-cuerpo o las interacciones en un contexto. 

Wundt sostuvo que no podemos conocer la conciencia, sólo sus efectos. Y tenía razón al reconocer que no podemos conocer una construcción etérea.

Pero, ¿necesitaba Wundt invocar un constructo o podría simplemente haberse referido a las respuestas que en realidad estaba midiendo como las que comprenden a la conciencia? ¿Estaban los sujetos de Titchener introspeccionando sus sensaciones elementales, átomos mentales, o haciendo discriminaciones sensoriales de objetos y eventos? 

Posner y Raichel (1994, p. 24) ilustran bien la confusión entre constructos y eventos. Proporcionaron un gráfico en el que afirmaban haber trazado el cerebro en el eje horizontal y la mente en el vertical. Trazaron con distintos niveles de detalle las técnicas de imagen aplicadas al cerebro, pero la “mente” resultó ser el tiempo y se graficaba como tal. Skinner (1963) señaló que la mente se utiliza a menudo como una “estación de paso mental” para llenar los vacíos entre las variables independientes y dependientes. 

 Como otro ejemplo de construcciones y eventos confusos, en un esfuerzo por justificar los inobservables en psicología, Bornstein (1988) afirmó que “los psicólogos investigan procesos internos como sentimientos y motivaciones” (p. 820). Aquí agrupaba un evento, sentimientos y un constructo, motivación, bajo otro constructo, procesos internos. Examinemos cada uno de estos.

(a) Sentimientos: si uno gana la lotería, su comportamiento de alegría es un hecho real. Un sentimiento, entonces, es un evento que consiste en una persona en interacción con lo que siente, como la alegría al ver el número ganador.

(b) Motivación: ¿Por qué se compró el billete de lotería? Uno debe haber estado motivado. Pero, ¿qué es un motivo? No es nada en sí mismo, pero debe tener un referente específico en eventos identificables. Quizás el comprador decidió que las ganancias del boleto se destinarán a una causa digna. Un motivo es un constructo de causalidad, no un evento, pero puede ser un término de resumen útil si tiene referentes identificables, en cuyo caso el constructo es una abreviatura conveniente para los eventos. Sin embargo, al contrario de Bornstein, no investigamos el motivo como tal; porque es sólo una abstracción, una construcción. Lo que investigamos son las condiciones específicas que conducen a un comportamiento en particular, como el comportamiento preferido por un maestro o un empleador al que nos referimos como motivado.

(c) Procesos internos: el ejemplo final de Bornstein y el que pretende abarcar todo es también una construcción más que un evento. Asume que la naturaleza nos ha dividido en dos partes, interna y externa. Si se pueden especificar referentes para los “procesos internos”, entonces la distinción interno-externo ya no se cumple; porque los eventos identificables de la naturaleza –– el comportamiento alegre de un boleto ganador, el deseo de apoyar una causa digna–– se convierten en el foco en lugar de una dualidad construida entre lo interno y lo externo. Pero este constructo de procesos internos suele ser uno de dualismo cuerpo-mente, y el dualismo no tiene tales referentes.

Es un error de categoría en términos de Freeman (2001) (según Ryle, 1949) – un error que él atribuye a una historia de tres siglos, en realidad unos veintidós siglos en el mundo occidental y quizás 3000 años en la India: ver Kantor (1963-1969); Smith (2001). Un mundo está adentro y otro afuera. Skinner (1990) llamó a esto la “teoría de la copia” – el mundo real copiado en la mente o el cerebro – que requiere algo para ver la copia. También requiere que el sistema nervioso central sea una causa de sí mismo. 

Bornstein pasó a justificar los inobservables en psicología al afirmar que la gravedad es un inobservable que los físicos estudian indirectamente. Sin embargo, según la teoría de la física, la gravedad no es inobservable, sino un evento que involucra la interacción de cuerpos en el espacio; y esta interacción puede ser observada, medida y descrita matemáticamente, siendo la medición y la descripción matemática constructos útiles derivados de los eventos. 

Se define y consta de estas propiedades y quizás otras que quedan por observar (y que serían constructos si se postularan). De manera similar, podemos observar eventos de humanos en interacción con su entorno y describir estas interacciones en lugar de comenzar con construcciones culturales e imponerlas en las investigaciones. Schlinger (2003) ha descrito el problema de esta manera: “En lugar de construir definiciones formales a priori y luego buscar ejemplos de ellas, los científicos deben descubrir la definición. . . . Esto se hace analizando experimentalmente el comportamiento y luego buscando su orden ”(p. 23). 

A pesar de algunas afirmaciones en las que los “términos teóricos” (constructos) y los términos de observación son igualmente inferenciales y poco confiables, Clark y Paivio (1989) citaron varios estudios empíricos de estos términos que apoyan la mayor confiabilidad y validez de estos últimos y la clara distinción de los dos. . Los investigadores encontraron que “los términos observacionales se refieren más directamente a los fenómenos observables que los términos teóricos y son relativamente más estables y definidos en sus significados” (p. 510). Además,… los datos sugieren que los científicos deberían y deben mantener diferente actitud hacia los términos teóricos y los de observación cuando piensan o comunican ideas científicas. Los términos observacionales tienen significados más estables y universales, y participan en enunciados que pueden validarse empíricamente en virtud de sus referentes concretos (p. 510). 

Kantor (1959) estableció un sistema de postulados completo que puede usarse como guía para investigaciones científicas (ver Clayton, Hayes y Swain, 2005), pero incluso el sistema de postulados comienza con eventos observables sobre los cuales se construyen los constructos. 

 Una opción importante para la investigación es si un sistema debe basarse en construcciones o en eventos. Es decir, ¿los investigadores comienzan con constructos con los que interpretan eventos o comienzan con eventos y desarrollan sus constructos a partir de esos eventos? Kantor (1981) argumentó que “En general, una lógica válida de la ciencia debe basarse en una apreciación completa de las relaciones entre eventos y constructos” (p. 6) incluyendo la clara distinción entre ellos. Lichtenstein (1984) avanzó un punto similar: 

 Cuando uno sigue cuidadosamente lo que implica el trabajo científico, tenemos una base para distinguir entre datos, operaciones de investigación y construcciones. La fase de construcción se vuelve particularmente importante cuando se comprende que es aquí donde surge la mayor parte de los desacuerdos en la ciencia. 

Es más probable que las construcciones sean sólidas cuando se derivan del contacto directo con eventos, ya sea que impliquen manipulaciones y mediciones o no. Desafortunadamente, los científicos, cuando están en las garras de la tradición, generalmente no se dan cuenta del hecho. Así, los astrónomos encontraron que las órbitas circulares [en lugar de elípticas] para los planetas eran razonables y los biólogos describieron en detalle los homúnculos en los espermatozoides. (p. 471) 

Las construcciones científicas válidas requieren una base en los eventos en todas las etapas de la empresa científica y dicha base requiere reconocer qué son las construcciones y qué son los eventos.

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Scientific situations as much as any other display evaluations and values. Evaluations pertain to events investigated, to methods used, and the interpretations of results obtained.

Similar deterioration of institutions occur in the changed functioning of political processes; so that they are no longer reacted to as genuine administrative agencies but rather as exploitative activities of office-holding and the maladministration of public funds.

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