Revista Mexicana de Análisis de la Conducta,
1983, Vol 9, Num. 2, págs 95-115
Sobre las diferencias entre el conductismo radical de Skinner y el interconductismo de Kantor[1]
Linda J Parrot
West Virginia University
Resumen
Se compara y contrasta el conductismo radical de Skinner y el interconductismo de Kantor. Ambos consideran que su objeto de estudio es la conducta del organismo en relación a sus ambientes estimulantes. Sin embargo, mientras Kantor se centra en la relación entre la respuesta y la estimulación, como su unidad de análisis, Skinner se enfoca en las clases de respuestas como unidades. Como resultado, las funciones de estímulo son consideradas por Skinner como operativas, diferenciadas en términos de las clases de control que ejercen sobre la respuesta; mientras que para Kantor, las funciones de estímulo son simplemente las acciones de objetos participantes en relaciones interdependientes con las funciones de respuesta. En resumen, el análisis de Skinner es causal y explicativo, el de Kantor es funcional y descriptivo. Skinner consigue la explicación mediante la reducción a la biología. Se dice que el organismo es cambiado fisiológicamente mediante el condicionamiento operante. En cambio, la ontogénesis es explicada mediante la selección natural: el condicionamiento operante cambia los organismos dado que la capacidad para ser condicionado es heredada biológicamente como la capacidad de ser condicionado por algunos estímulos más que otros. Por otro lado, Kantor asume que una historia ontogenética del organismo se refleja en su intercomportamiento actual. Es una tarea totalmente descriptiva y como tal, no recurre a ninguna biología imaginaria, no se requiere como una explicación de los eventos psicológicos. Se concluye que estas diferencias entre el conductismo radical de Skinner y el interconductismo de Kantor, no pueden reconciliarse sin transformar violentamente los puntos de vista de ambos filósofos.
Palabras clave: conductismo radical, interconductismo, Skinner, Kantor, filosofía.
En años recientes se ha esclarecido la influencia del interconductismo de Kantor en psicólogos conductuales (Morris, Higgins & Bickel, 1982) y se ha propuesto una reconciliación entre las filosofías de Kantor y Skinner con base en ciertas similitudes aparentes en sus trabajos (Morris, 1982). Mientras que sin duda, muchos psicólogos conductuales sin saber o sabiendo, han sido influenciados por la filosofía de Kantor, me parece que esta influencia es poco sistemática e improbable que proporcione un cambio genuino en la teoría psicológica en tanto que es sólo algo añadido a la formulación de Skinner y sin una apreciación total de su significancia y naturaleza. Las posiciones de Skinner y de Kantor son fundamentalmente diferentes, a pesar de sus semejanzas y uno no puede esperar buenos resultados al simplemente añadir una muestra de las nociones de teóricas de campo a un marco mecanicista, como el propuesto por Skinner. Una reconciliación en el terreno filosófico no es posible lograr sin violentar las posiciones de uno y otro filósofo para este propósito. El producto final de eso sería una contradicción y una incoherencia, no una filosofía sistemática que incorpore los aspectos valorables de ambas posiciones.
El propósito de este artículo es comparar los sistemas psicológicos de Skinner y Kantor con el interés de revelar sus semejanzas al igual que sus diferencias irreconciliables. No es mi intención sugerir que el trabajo de Skinner carece de todo valor para aquellos que adopten la filosofía interconductual. No es que los métodos de investigación del análisis de la conducta, de los que se derivó la filosofía de Skinner, al menos parcialmente, no tengan valor al igual que su rama aplicada. En lugar de eso, mi intención es mostrar que la filosofía de la ciencia de la conducta de Skinner es incompatible con el interconductismo de Kantor y los intentos por reconciliar sus diferencias en este aspecto, son engañosos e infructuosos.
La comparación siguiente versa sobre las cosas y los eventos como objetos de estudio de la ciencia de la conducta además de los constructos derivados de cada uno de ellos como resultado de su interacción con este objeto de estudio. Las diferencias fundamentales se refieren a las funciones de estímulo, las relaciones funcionales y el papel de la historia en el desarrollo psicológico.
El objeto de estudio
Tanto el conductismo radical como el interconductismo consideran que su objeto de estudio es el comportamiento de los organismos en relación a sus ambientes estimulantes (Skinner, 1938, p. 6; Kantor, 1938, p. 33). El comportamiento se define aún más como la acción de todo el organismo, en lugar de la acción de sus músculos, órganos o glándulas considerados de manera separada. Como Skinner señaló (1938, p.6):
Es más preciso decir que la conducta es parte del funcionamiento del organismo que está involucrado en actuar sobre algo o teniendo un intercambio con el mundo
Kantor hace una declaración similar a. distinguir la conducta psicológica de la conducta biológica de los organismos y los objetos físicos. La conducta psicológica no es simplemente la operación sin cambios de un conjunto de estructuras como en la actividad biológica. Es histórica y en desarrollo. Tampoco es simplemente el intercambio de energía, como ocurre con la conducta de los objetos. Es una interacción de un organismo que responde y la estimulación ambiental teniendo preservadas también las funciones manipulativas (Kantor & Smith, 1975, pp. 5-6). En otras palabras, la conducta psicológica tiene un carácter de ajuste (Kantor & Smith, 1975, pp. 6-11). Skinner (1953, p.90) señala un aspecto similar al describir a la conducta psicológica como “adaptativa”.
A pesar de estas semejanzas en sus enfoques hacia la conducta como objeto de estudio, permanece una diferencia de énfasis. Kantor critica el movimiento conductual por su énfasis en la conducta en lugar de los campos conductuales. Él dice (1970, p.105):
En general (el análisis experimental de la conducta), está mucho más inclinado al análisis de las repuestas que a los campos conductuales, una circunstancia influenciada por el origen parcial en el condicionamiento del reflejo. Recuérdese que Pavlov como fisiólogo y dualista consideró al condicionamiento como algo pertinente exclusivamente para el organismo fisiológico… aunque es imposible ignorar los claramente notables objetos de estímulo, ni él ni sus seguidores han estado alerta de la real función de estímulo en las situaciones de condicionamiento. Así, no es sorprendente que los condicionadores no hayan tomado en cuenta los factores contextuales o situacionales aparte del tiempo de las relaciones entre los contactos del organismo y los objetos de estímulo incondicionado y condicionado. Incluso es cierto que aun la conducta refleja no se compone exclusivamente de ejecuciones o movimientos organísmicos. Las actividades organísmicas son sólo fases de eventos de ajuste más grandes. Cuando se analizan los reflejos, debe considerarse lo que hace el estímulo en relación a los actos del organismo y también se debe tener en cuenta lo que hace el objeto estímulo en relación con los actos organísmicos, y aún más los muchos factores situacionales o de ajuste, es decir, las condiciones habilitadoras e inminentes.
La caracterización que hace Skinner de la conducta como “la acción del organismo en el mundo exterior” (Skinner, 1938, p. 6), desde la perspectiva de Kantor es incompleta pues la conducta no es la acción de un organismo sino más bien la interacción del organismo y del ambiente. La conducta es mutuamente corresponsiva, no es emisiva (Kantor, 1970, p. 106).
Obviamente, se formula una crítica similar al punto de vista del conductismo radical respecto a los eventos de estímulo. Kantor (1970, p. 6) argumenta que el análisis experimental de la conducta “se queda corto en la noción de un estímulo como simplemente un objeto o condición que determina la respuesta”. Objetos, objetos de estímulo y funciones de estímulo son más claramente diferenciados en el sistema de Kantor. Antes del establecimiento de una interacción entre el organismo y las cosas del ambiente, estas cosas son simples objetos. En tanto se establezca una interacción, estos objetos toman las funciones de estímulo correspondientes a las funciones de respuesta. Sólo en este momento los objetos llegan a ser objetos de estímulo teniendo significación psicológica en un contexto particular para un organismo específico. Las funciones apareadas entre el estímulo y la respuesta así establecidas, constituyen los ajustes psicológicos (Kantor, 1970, p. 6).
Lo que le falta al punto de vista del conductismo radical es la interacción entre los eventos de estímulo y respuesta. En este sentido s interesante notar el cambio de la posición de Skinner desde 1938. En The Behavior of Organisms describe los eventos de estímulo y respuesta de la siguiente manera:
El ambiente entra en una descripción de la conducta cuando puede mostrarse que dada una parte de conducta fue inducida a voluntad (o de acuerdo a ciertas leyes) debido a una modificación de una parte de las fuerzas que afectan al organismo. Tal parte o modificación del ambiente tradicionalmente es llamado estímulo y respuesta la parte correlacionada de la conducta. Ningún término puede definirse sin el otro, como propiedad esencial. Para la relación observada entre ellos, usaré el término reflejo por razones que, espero, sean claras respecto a la forma en que procedemos (Skinner, 1938, p. 9).
En 1953, en Ciencia y Conducta Humana, la “correlación” entre las variables interdependientes, estímulo y respuesta, ha llegado a ser una “relación funcional” que es incluso considerada como sinónimo de “relación causal” para todos los propósitos prácticos. Él (1953, p. 35) dice:
Las variables externas de las que la conducta es función permiten lo que puede llamarse análisis causal o funcional. Nos comprometemos a predecir y controlar el análisis. Nos comprometemos a predecir y controlar la conducta del organismo individual. Ésta es nuestra “variable dependiente” –el efecto por el cual encontraremos la causa. Nuestras “variables independientes” –las causas de la conducta- son condiciones externas de las que la conducta es función. Las relaciones entre las dos –relaciones entre la causa y el efecto- son las leyes de la ciencia. Una síntesis de estas leyes expresadas en términos cuantitativos subyace a una imagen completa del organismo como un sistema que se comporta.
Mientras que aquí las comillas, sugieren cierta duda por parte de Skinner al describir las relaciones entre la respuesta y el estímulo en esas formas más mecánicas, sin duda señala el inicio de una tendencia a alejarse del análisis interactivo. No estoy implicando que no se haga más referencia a la interacción entre el estímulo y la respuesta y a la correlación que se obtiene entre ellos pues ciertamente no es el caso (Skinner, 1969, p. 89; 1974, p. 73-74) Más bien, sugiero que ha ocurrido un cambio de énfasis. Los recordatorios de que la dicotomía dependiente-independiente es cuestión de conveniencia y que lo “funcional” en realidad no significa “causal” no se encuentran en publicaciones más recientes. Esto, creo, es un error fundamental que discutiré con más detalle en breve.
En resumen, los radicales y los interconductistas proponen estudiar el comportamiento del organismo en relación a la estimulación ambiental. Ambos reconocen el gran número de otras variables organísmicas y ambientales que también deben tomarse en cuenta en el estudio de estas relaciones (Skinner, 1969, p. 78-81; Kantor, 1971, 77-80). Sin embargo, para Kantor, debe reconocerse el carácter interdependiente de estas relaciones mientras que para Skinner, esto no es tan importante. Para apreciar las diferencias entre sus aproximaciones debemos fijarnos en lo que cada uno ha hecho de su objeto de estudio. Esto es, debemos examinar sus actividades de construcción y los productos de su trabajo.
Unidad de observación. Para aislar una unidad de observación distinta de la vida conductual continua de un organismo, Kantor (1926, p. 36) introduce el concepto de segmento conductual. Cada segmento consiste de un solo estímulo y su respuesta correlacionada. Las acciones de ambos constituyen una sola unidad en la que el estímulo y la respuesta son factores recíprocos, es decir, uno no puede concebirse en ausencia del otro. En este sentido, la respuesta es algo que el organismo y el objeto de estímulo hacen uno con respecto al otro. El organismo realiza una acción o movimiento. La estimulación, por otro lado, es una acción ejecutada por el objeto con respecto al organismo con el que interactúa. Esta acción del estímulo o estimulación puede ser descrita como la “mutua y correspondiente conducta de un objeto en un campo interaccional junto con la acción efectuada por el organismo (Kantor & Smith, 1975, p. 32). Así, la fórmula de cada campo psicológico o interacción es: E R.
Cómo un objeto, que usualmente es considerado como una cosa inerte, ejecuta acciones las ejemplifica Kantor (Kantor & Smith, 1975, p. 33) de la manera siguiente:
Debe considerarse que cuando un objeto forma parte de un evento psicológico interactúa con el organismo igual que el organismo interactúa con él. Reflexione sobre qué tanto una roca saliente contribuye, mediante sus numerosas propiedades, a la conducta de percibir y juzgar de un geólogo. Aquí puede ser útil considerar que cuando el físico o el astrónomo estudian los eventos gravitacionales están obligados a describir el campo en términos de la reciprocidad conductual de cada cuerpo “inerte”.
Para Skinner (1953, p. 62-66) una unidad de observación comparable es la contingencia de tres términos, esquematizada generalmente como: ED→R →ER. Incluidos en esta unidad de tres términos está, el estímulo discriminativo, la respuesta, el reforzador y las relaciones entre ellos control de estímulos y reforzamiento[2].
El término de en medio de la contingencia de triple término requiere una mayor elaboración. No es sólo una respuesta sino una clase de respuesta (Skinner, 1953, 64-65). Siempre es una respuesta sobre la que el reforzamiento es contingente y el reforzamiento es contingente sobre las propiedades que definen un miembro de esta clase. La clase es llamada una “operante” y “un conjunto de contingencias que define la operante” (Skinner, 1969, p. 131). Así, son las circunstancias bajo las cuales las respuestas ocurren y sus efectos en el ambiente los que definen una clase operante. La topografía de las respuestas que forman esta clase, pueden correlacionarse con el efecto pero esto no es un aspecto esencial. Por ejemplo, el timbre de la puerta y tocar en ella, son miembros ambos de la misma operante y ambas ocurren bajo condiciones de una puerta cerrada y producir la misma consecuencia de entrar al edificio.
La definición de Skinner de la operante, puede atribuirse a Kantor, al menos parcialmente. Al discutir el problema de la identificación de la utilidad de la clase de respuesta (Skinner, 1938, p. 25) hace la siguiente declaración en la que da crédito a Kantor:
Si se permite definir la flexión refleja como un reflejo que tiene como respuesta una clase definida por la flexión, no hay nada para prevenir un número infinito de reflejos sobre bases similares. Por ejemplo, podríamos decir que hay un reflejo o clase de refeljos definidos por esta propiedad: que al elicitar el centro de gravedad el organismo se mueve hacia el norte. Tal clase, experimentalmente no tiene sentido puesto que trae consigo muchas actividades no relacionadas (en su lugar) deberíamos estar listos para mostrar que todas las flexiones están relacionadas en una forma en la que no están todos los movimientos geográficos del centro de gravedad y para hacer esto debemos recurrir al hecho observado de que las flexiones son provocadas por estímulos de pocas clases.
La definición de una operante indica una comprensión de la imposibilidad para definir un estímulo funcional sin referencia a una respuesta funcional (y viceversa). Sin embargo, Skinner no busca las implicaciones de esta “imposibilidad” como lo hace Kantor. Para Kantor la implicación fundamental de esta comprensión es la flecha de doble cabeza en la fórmula de un segmento conductual, indicando la interdependencia de estos eventos. Es en este aspecto que Kantor critica el movimiento conductual cuando dice (1963, p. 531-532):
Considerar las acciones del organismo como variables dependientes y las acciones de los objetos de estímulo como variables independientes es simplemente plantarse en un marco de referencia de la filosofía causal. El efecto de respuesta se considera como un cambio de su condición inercial del organismo por las propiedades “causales” inherentes en el objeto. en realidad, por supuesto, el estímulo es tan dependiente de la reacción del organismo como al revés.
Kantor conoce el hecho de que la R = (E) formulación que refleja la influencia de la investigación en laboratorio pero él sugiere que tales formulaciones son “sólo permitidas hasta en tanto no interfieran con la producción de datos que igualan los campos originales de los cuales ellos proceden” (Kantor, 1963, p. 532). La falta de reconocimiento de la interdependencia de las funciones de estímulo y respuesta –la postura organocéntrica, como es llamada- se refleja en el énfasis de Skinner en la “probabilidad de respuesta” como opuesta a la “relación de probabilidad estímulo-respuesta” y la ausencia de un concepto de la “evolución de estímulo” a la cual regresaré.
Abstraídos del segmento de respuesta como una unidad de evento psicológico en el sistema de Kantor, están los conceptos de función de estímulo” y “función de respuesta”. Mientras que éstos se han discutido con cierto detalle, una mayor discusión ahora, facilitará la comparación de construcciones con conceptos similares en el sistema de Skinner.
Funciones de estímulo. Para Kantor, las funciones de estímulo son las acciones del objeto estimulante en tanto interactúa con el organismo psicológico. Algunas funciones de estímulo surgen mediante el contacto de un organismo con objetos de estímulo, y hasta que tales contactos han ocurrido, los objetos no tienen funciones de estímulo para tal organismo. Estas clases de funciones de estímulo son identificadas: Universal, individual y cultural (Kantor & Smith, 1975, p. 39-44). Las funciones universales de estímulo de se basan en “a) propiedades de cualidades naturales de las cosas, y b) la constitución biológica del organismo” (Kantor & Smith, 1975, p. 41). Las funciones de esta clase son las mismas para para los miembros de una especie dada y no requieren de múltiples contactos entre el organismo y los objetos de estímulo para su establecimiento. Kantor explica que “(y)a que el organismo consiste anatómicamente de una estructura celular protoplasmática es sensible a ciertas propiedades de las cosas” (Kantor & Smith, 1975, p. 41). Dada esta sensibilidad, la primera vez que un organismo entra en contacto con tales cosas se forma una relación psicológica. Las funciones individuales de estímulo, por otro lado, están basadas en las experiencias personales del organismo individual con los objetos en cuestión. Finalmente, las funciones culturales se distinguen por el hecho de que corresponden a respuestas similares en grupos de individuos. En todos los casos, las funciones de estímulo están definidas en términos de las funciones de respuesta con las que están correlacionadas.
Para Skinner las funciones de estímulo significan algo muy diferente. Están diferenciadas por las clases de control que ejercen. Hay tres funciones de estímulo, correspondientes a las tres clases de control en el sistema de Skinner: Discriminativo, elicitador y reforzante (Skinner, 1953, p. 107-128). Skinner (1953, p. 112) distingue las funciones de estímulo elicitador y discriminativo de la manera siguiente:
El estímulo elicitador parece ser más coactivo. Su conexión causal con la conducta es relativamente simple y fácilmente observada. Esto puede explicar por qué fue descubierta en primer lugar. Por otro lado, el estímulo discriminativo comparte su control con otras variables de manera que la inevitabilidad de su efecto no puede demostrarse fácilmente.
El estímulo reforzante, por otro lado, “fortalece” una operante en el sentido de señalar instancias más probables o, de hecho, más frecuentes (Skinner, 1953, p. 65).
Las funciones de estímulo para Skinner no son de la misma clase que para Kantor. Para Kantor, las funciones son sólo la participación de los objetos de estímulo en eventos psicológicos, abstraídas de las correlaciones de estímulo y respuestas observadas. Como tal, los estímulos no tienen un estatus especial en estas correlaciones –“(e)llos son una fase o factor en el evento, una parte esencial de él y no una causa precedente o anterior (Kantor, 1938, p. 45). Entonces, todo estímulo, en la formulación de Kantor, tiene aproximadamente el mismo estatus que el estímulo discriminativo en el sistema de Skinner.
Funciones de respuesta. Kantor & Smith (1975, p. 44-45) definen las funciones de respuesta como las acciones del organismo con respecto a las funciones de estímulo con el que se correlacionan. Mientras que una respuesta se refiere a una topografía, una función de respuesta se refiere a su relación con el objeto de estímulo. No existe un constructo comparable en el sistema de Skinner. Mientras que sería argumentable que una “operante” se ajusta a esta definición en tanto se define como un conjunto de contingencias, técnicamente la operante es una clase de respuestas (Skinner, 1969, p. 131).
Sin embargo, hay algunos puntos de acuerdo entre los conductistas radicales y los interconductistas al consideras las funciones estímulo y respuesta. Ambos (Kantor, 1938, p. 47; Skinner, 1957, p. 227) reconocen que una sola respuesta puede ser función de más de un estímulo y que más de una respuesta pude ser función del mismo estímulo. Qué función se obtiene en cada caso, para Kantor (1938, p. 47) depende de otros factores del campo interconductual. De manera similar, Skinner describe los factores contextuales de esta clase como variables de la audiencia donde “el control siempre se ejerce en conjunto con los estímulos determinado formas más específicas de respuesta (Skinner, 1957, p. 173).
Contexto de observación. Los factores contextuales antes mencionados constituyen un constructo fundamental tanto en el conductismo radical como en el interconductismo, colectivamente llamado por Kantor “factores contextuales” (setting factors) y no nombrado colectivamente por Skinner pues el término “drive” fue abandonado poco después de 1953[3]. Estos factores pueden alterar uno o más de los tres aspectos del evento psicológico: 1) el objeto de estímulo, 2) el organismo que reacciona o 3) la interacción total (Kantor & Smith, 1975, p. 46-47). En relación al primero de éstos, si el objeto de estímulo fuera un cuadrado rojo, su función podría alterarse al poner fondos de diferente color. Desde una perspectiva conductual radical, los factores contextuales son interpretados más probablemente como parte del mismo objeto de estímulo. Por ejemplo, al reemplazar el cuadrado rojo por fondos de diferente color, la función del cuadrado rojo no se alteraría, más bien se crearía un estímulo “complejo”, incluyendo el cuadrado además del fondo. Esta diferencia entre los dos enfoques no es particularmente crítica. Sin embargo, lo que es crítico es el hecho de que para Kantor entre los factores que alteran la función son las consecuencias de la interacción con ella. “Recompensar o castigar son dos tipos de factores contextuales entre un número indefinido de otras condiciones específicas a observarse en varios tipos de segmentos” (Kantor, 1979). Para Skinner, como hemos visto, el reforzamiento no es una condición que altere la función de estímulo –es una función de estímulo. Aquí el problema tiene que ver con el uso del término “función”, al que regresaremos.
Con respecto a la operación del contexto interaccional en el organismo que reacciona, Kantor incluye los factores tales como condiciones de fatiga, enfermedad, sueño, entre otras. Tales factores alteran la disponibilidad con la que el individuo reacciona a las cosas (Kantor & Smith, 1975, p. 46-47). No hay ni un solo término en el sistema de Skinner que describa los factores de esta clase. Privación, fatiga, saciedad, enfermedad y estimulación aversiva son todas consideradas de manera separada y definidas en términos de sus operaciones específicas.
Finalmente, en el sistema de Kantor, los factores contextuales pueden alterar toda la interacción psicológica (Kantor & Smith, 1975, p.46-47). Por ejemplo, El repertorio verbal completo de un hablante es alterado en la presencia del francés en oposición a las personas que hablan inglés. En tales casos, los objetos de estímulo determinan que clase de actividad ocurre, mientras que los factores contextuales determinan lo que debería ocurrir en ese momento particular. Aquí es relevante la variable de audiencia de Skinner (1957). Sin embargo, hace poco uso si alguno del constructo fuera del ámbito de la conducta verbal.
Medios de contacto. Kantor & Smith, 1975, p. 32, declaran:
Para que cualquier interacción psicológica ocurre es esencial que el organismo entre en contacto con el objeto de estímulo… los rayos de luz y las ondas de aire median los contactos de las interacciones realizadas cuando el organismo y el objeto están separados espacialmente. Otra forma de medio de distancia consiste en las partículas gaseosas que deben pasar del objeto odoroso al organismo cuando realiza la olfacción.
Además de los medios distales, Kantor incluye una serie de medios próximos que operan cuando el organismo y el objeto de estímulo no están separados espacialmente. Por ejemplo, las reacciones gustativas son mediadas por ciertas clases de soluciones líquidas. Skinner no hace mención a los medios de contacto como tales y, para la mayor parte de los propósitos, no parece ser un aspecto crítico en el sistema de Kantor. No hay un resultado provechoso al diferenciar los medios de contacto de otros eventos en un campo psicológico, sin embargo, tienen que ver con el tema de la visión de los colores. Los puntos de vista más tradicionales argumentan que debido a que los rayos de luz son incoloros, tales rayos primero deben operar en el ojo con un post-efecto en el sistema nervioso del organismo para exista la cualidad del color. Esto quiere decir que el sistema nervioso del organismo o la mente crea las cualidades de color de los objetos. Así, el color es un producto psíquico de las estructuras biológicas. Esta confusión, explica Kantor, es producida por el error de diferenciar los medios de contacto de los objetos de estímulo. Los rayos de luz no son estímulos, por tanto, el hecho de que sean incoloros no presenta un problema especial para una psicología naturalista. El color está en el objeto, no en la mente.
Historia de interacciones. Tanto Kantor como Skinner han adoptado el punto de vista que todas las interacciones psicológicas son históricas, llamando a los conceptos: “historia interconductual” e “historia de reforzamiento”, respectivamente.
Para Kantor, la experiencia conductual completa de un organismo es su “historia interconductual”. Él (Kantor & Smith, 1975, p. 59) explica:
Es a través de los detalles de la conducta de esta historia interconductual que el individuo realiza todas sus respuestas que él llega a desempeñar. Todo lo que puede hacer, sus capacidades, conocimiento, habilidades y poderes conductuales son generados en su Historia Interconductual.
Para fines descriptivos, Kantor delinea dos correspondientes aspectos de esta historia. Cuando hay razón para enfatizar el lugar del organismo en la historia, él habla de la “biografía reaccional” (Kantor, 1938, p. 51). La biografía reaccional, lo que ocurre a los eventos de estímulo en esta historia es llamado “evolución del estímulo” (Kantor, 1938, p. 51). Entonces, la biografía reaccional concierne al desarrollo de respuestas y sus relaciones con los eventos de estímulo, mientras que la evolución de estímulo se refiere al desarrollo de las funciones de estímulo por las personas u otros objetos. Debe notarse que la historia interconductual es una historia de las funciones de estímulo-respuesta y que la biografía reaccional y la evolución del estímulo son funciones de respuesta. Psicológicamente no tiene sentido discutir sobre la biografía reaccional o la evolución del estímulo puesto que es sólo en virtud de la relación entre ellas que su concepto tiene significancia psicológica. La conducta de un organismo en la presencia de condiciones estimulantes, en cualquier momento, es producto de la historia interconductual. Lo que se desarrolla en milisegundos es esta historia de relaciones estímulo-respuesta.
Skinner tiene un constructo similar conocido como “historia de reforzamiento”. Para Skinner, la conducta siempre es una función de las variables actuales y de la historia de reforzamiento. Sin embargo, dado que Skinner no enfatiza la interdependencia del estímulo y la respuesta, no está incluido en su formulación el concepto de evolución del estímulo. La ausencia de este concepto tiene serias implicaciones que han sido reveladas en el análisis de Skinner de cómo la historia se manifiesta a sí misma en la situación actual. Recuerde que para Kantor lo que se desarrolla a lo largo de esta historia son las relaciones estímulo-respuesta. Para Skinner lo que se desarrolla es un organismo. Se dice que las consecuencias de acción son “cambios en el organismo” incrementando las probabilidades que ocurran respuestas de la misma clase (Skinner, 1969, p. 105-108).
En resumen, las conductistas radicales y los interconductistas han llegado a constructos similares con aproximadamente el mismo objeto de estudio. Faltante el constructo del medio de contacto en la formulación skinneriana, este constructo juega un papel relativamente menor en el sistema de Kantor. Las diferencias importantes entre los dos enfoques, incluyen la naturaleza de la relación entre estímulos y respuestas, la naturaleza de las funciones de estímulo, a naturaleza de la causalidad y los productos de la historia conductual. Estas diferencias son objeto de la siguiente sección.
Diferencias irreconciliables entre el conductismo radical y el interconductismo
La naturaleza de las funciones de estímulo-respuesta. Skinner no enfatiza la interdependencia de las coordenadas de las relaciones funcionales, dando como resultado una equívoca dicotomía entre variables dependiente e independiente. Algunas veces se argumenta que Skinner no reconoció este asunto de la interdependencia pero lo toma como dado. La siguiente parte (o una similar) es probable que se cite en este aspecto:
La relación entre el controlador y el controlado es recíproca. El científico en el laboratorio estudiando la conducta de la rata diseña contingencias y observa su efecto. Su aparato ejerce un control conspicuo en un pichón, pero no debe desestimar el control ejercido por el pichón. La conducta del pichón ha determinado el diseño del aparato y el procedimiento que se usa. Un control semejante es característico de toda la ciencia (Skinner, 1971, p. 161).
Sin embargo, este ejemplo no habla del asunto. Lo que Skinner está sugiriendo es cuando un pichón y un científico interactúan, algunas veces la conducta del científico es la variable independiente con respecto a la conducta del pichón y a veces la conducta del pichón es la variable independiente con respecto a la conducta del científico. Él no está sugiriendo que la conducta del pichón y del científico son interdependientes. Los eventos interdependientes no “ejercen” nada. Incluso, es relativamente fácil obscurecer el tema de la interdependencia al discutir la reciprocidad de las relaciones que incluyen dos objetos animados; es por qué encontramos otros ejemplos relativos a el esclavo y el conductor del esclavo, el profesor y el estudiante, terapeuta y cliente y madre e hijo (Skinner, 1971, p. 161). Incluso, si Skinner estuviera realmente discutiendo el aspecto de la interdependencia, ¿por qué no encontramos ejemplos que involucran eventos tales como la luz roja y el detenimiento del carro? El problema aquí es el resultado de hacerse una mala pregunta. En sí, la pregunta es producto de dos cosas: Enfocarse a la vez en un solo aspecto de la relación funcional (esto es, fallando en apreciar el concepto de la interdependencia) y asumir que no existe diferencia entre las variables funcionales y causales. Para Kantor, la relación entre la luz roja y parar el carro depende tanto de la luz como de lo que hace el carro; además, ningún elemento puede abstraerse de la función para dar cuenta del elemento no mencionado y dar cuenta de sí mismo.
La naturaleza de las funciones de estímulo. La dicotomía variable dependiente-independiente, se complica más por el uso del término “función” y se presume como sinónimo del término “causa” en el sistema de Skinner, se constituye una segunda diferencia irreconciliable entre el conductismo radical y el interconductismo.
Desde un punto de vista matemático, “función” se refiere a la correlación de variables y éste es el sentido en que lo usa Kantor cuando usa el término al discutir las relaciones funcionales. Nos es claro que los conductistas radicales siempre están usando el término en esta forma, sin embargo, particularmente al considerar el término reforzamiento. De hecho, en el contexto de reforzamiento, las relaciones funcionales son confundidas con las relaciones causa-efecto que, obviamente representa un cambio en el significado del término “función”. Para ilustrar este punto, se revisan las condiciones bajo las cuales es usado el término “reforzamiento”. De esta forma, el significado del término “función”, desde el punto de vista del conductismo radical será aclarado.
Primero, el “reforzamiento” es usado a veces como sustantivo para referirse al cambio del estímulo. Alternativamente, el término “reforzamiento” es usado para indicar un evento postefecto. Estos usos no implican función en el sentido matemático del término.
Segundo, “reforzamiento” se usa como un adjetivo, para describir las variadas clases de control ejercidas por un cambio de estímulo, la efectividad de un cambio de estímulo al ejercer este control, o para modificar el nombre “procedimiento”. En cada uno de estos usos, no se identifica una relación funcional particular aunque se implica una.
Otro uso tiene el estatus gramatical de un verbo significando “fortalecer” o “hacer probable”. En este caso, es el objeto del verbo más que el verbo mismo, que es la relación funcional. En otras palabras, podemos asumir que, para estos usos, la relación funcional producida por la operación, “reforzamiento”, es la que se obtiene entre las condiciones antecedentes del estímulo y la conducta. Las relaciones funcionales de esta clase son claramente correlacionales como lo implica el uso matemático del término “función”.
Existen otros usos del término “reforzamiento” que, no obstante, sugieren otras relaciones funcionales. Por ejemplo, “reforzamiento”, ocasionalmente se refiere conjuntamente a un arreglo específico de eventos y al efecto de este arreglo en la frecuencia de algún comportamiento. Por ejemplo, una contingencia y su característico efecto se podría describir como “un ejemplo de reforzamiento”. ¿Qué relaciones funcionales están implicadas en este uso? Existen dos posibilidades. La primera posibilidad es que en cualquier ejemplo de reforzamiento hay dos relaciones funcionales involucradas: la que se obtiene entre el estímulo antecedente y la conducta y la que se obtiene de entre la conducta y el estímulo consecuente. Sin embargo, esta formulación es problemática, porque las dos relaciones parecen conceptualmente similares por el uso del término “función” pero es claro que aquí existen operando dos significados de este término. Con respecto a ser una relación funcional que se obtiene entre el estímulo antecedente y la conducta, “función” es usado en el sentido matemático, significando una correlación entre dos variables. Con respecto a la elación funcional entre la conducta y su consecuencia, el término “función” sugiere un uso menos técnico significando “operación” o “servicio” o, en otras palabras, “eso que hace”. ¿De qué otra forma podemos explicar el papel del estímulo que en un caso es “el que establece la ocasión” y en otro “para fortalecer”? Estrictamente, desde el punto de vista matemático, “establecer la ocasión” es sólo el papel legítimo de un estímulo que participa en la correlación de dos variables. Por eso, es erróneo sugerir que el “reforzamiento” se refiere tanto a la operación como a su efecto, implicando una consideración de las relaciones funcionales.
Una segunda posibilidad es que en cualquier instancia de reforzamiento, ciertamente, hay sólo una relación funcional establecida pero no es la que se obtiene entre los eventos de estímulo antecedentes y la conducta sino más bien entre las consecuencias por un lado y por el otro, la relación entre los eventos antecedentes y la conducta. Este análisis implica el significado vernáculo de función como “operación” o “servicio”.
Brevemente, hay dos clases de “funciones” posibles en la formulación de Skinner que no son adecuadamente distinguidas y una sola clase de “función” en el sistema de Kantor. Esto no presenta un problema en particular, excepto por hecho de que Skinner insiste que las relaciones funcionales no son diferentes de ninguna manera importante de las relaciones causales, lo cual introduce una tercera diferencia fundamental e irreconciliable entre el conductismo radical y el interconductismo.
Relaciones funcionales vs causales. Skinner (1953, p. 23) argumenta que los términos variable “dependiente” e “independiente” se refieren al mismo núcleo fáctico de “causa” y “efecto” y que la vieja “conexión causa y efecto” se convierte en una “relación funcional”. Afirma que los nuevos términos (Skinner, 1953, p. 23):
No sugieren cómo una causa produce su efecto; simplemente afirma que diferentes eventos tienden a ocurrir en cierto orden. Esto es importante pero no es crítico. No hay un daño particular al usar “causa” y “efecto” si siempre estamos listos para sustituirlos por sus contrapartes más exactas.
Dicho esto, él procede al uso intercambiable de términos a lo largo de sus presumiblemente ensayos “formales”.
Surge un problema cuando uno intenta clasificar los eventos como variables y/o causas independientes o dependientes. Podemos empezar al intentar clasificar los eventos que participan en la relación funcional que se obtiene entre los estímulos antecedentes y la conducta. En esta relación funcional, la relación entre las variables independientes son los eventos antecedentes y las variables dependientes son las conductas. Sin embargo, dado que Skinner afirma que las variables independientes y dependientes se refieren al mismo núcleo fáctico como “causas” y “efectos”, en esta situación podemos asumir que los estímulos antecedentes son también las “causas” y las conductas los “efectos”. Desafortunadamente, Skinner quisiera incluir sólo algunos estímulos antecedentes entre las causas de la conducta, específicamente aquellos que tienen una función elicitadora. De hecho, ésta es esencialmente la distinción que Skinner (Skinner, 1953, p. 62) desea delinear entre los estímulos elicitadores y discriminativos: los estímulos discriminativos sólo “establecen la ocasión” para la conducta, pero “no causan su ocurrencia”. Lo que causa la conducta operante para ocurrir son las consecuencias de su pasada ocurrencia. Estas consecuencias son responsables de la conducta, así como de las funciones discriminativas del estímulo. Claramente, las consecuencias de la conducta son las verdaderas consecuencias.
El conductista radical ahora se enfrenta al siguiente dilema: los estímulos discriminativos son variables independientes, pero no las causas. Este dilema me sugiere que a pesar de que Skinner dice lo contrario, no estamos en posibilidad de substituir las contrapartes más exactas (“variables independientes” y “dependientes”) por “causas” y “efectos” sin cambiar la naturaleza de las cosas descritas.
En resumen, en el sistema de Skinner se asume que causa es sinónimo de “variable independiente” pero un análisis más cuidadoso revela que algunos eventos que son variables independientes no son sólo causas haciendo que los términos no sean sinónimos y precisamente por la misma razón que los nuevos términos que se introdujeron en primer lugar. Esta discrepancia es un resultado directo del fallo de distinguir entre dos usos del término “función”. El uso común, como aquel que hace algo y que caracteriza la naturaleza del reforzamiento, es más cercana al concepto tradicional de “causa” que lo es el nuevo término y menos objetable, “variable dependiente”.
La falla de Skinner para apreciar la interdependencia de los eventos relacionados funcionalmente, reflejados en la dicotomía de las variables dependientes e independientes y la confusión de las relaciones funcionales con las causales producida por esta dicotomía, es la fuente de otras dificultades. En lugar de enfocarse en el desarrollo de las relaciones a lo largo de las historias onto y filogenética, él está obligado a enfocarse en el organismo en sí. El resultado es el organocentrismo y el reduccionismo.
Los productos de la historia. Desarrollo ontogenético. Para Skinner, lo que evoluciona en el curso de la historia de reforzamiento, no son las relaciones funcionales per se, sino más bien el organismo. Es el organismo el que ha cambiado por la historia y por lo tanto hizo posible reaccionar diferencialmente a los eventos de estímulo de un momento de su historia, al siguiente. Puede argumentarse que el análisis del “organismo cambiado” es simplemente una forma conveniente para manejar la dificultad del tema y que él realmente intenta implicar las “relaciones funcionales cambiadas”. Sin embargo, esto es gratuito, como lo indica la siguiente cita:
(El fisiólogo del futuro) podrá mostrar cómo un organismo es cambiado cuando se le expone a las contingencias de reforzamiento y por qué el organismo cambiado entonces se comporta en una posible diferente forma en una fecha muy posterior (Skinner, 1974, p. 215)
Obviamente Skinner sugiere que las contingencias de reforzamiento cambian al organismo fisiológicamente. Incluso, para que tales cambios sean efectivos para controlar la conducta “mucho más tarde” debemos asumir que esos cambios son de una clase permanente o duradera. Esto no es fundamentalmente diferente de los análisis más tradicionales que dan cuenta de la conducta actual al recurrir a “copias guardadas” de las interacciones del organismo-ambiente. La única diferencia es que Skinner no da más detalles sobre la naturaleza de los cambios permanentes del organismo mientras que los teóricos más tradicionales sí lo hacen.
El principal problema con el análisis de Skinner, al igual que con los más tradicionales, es que no están basados en confrontaciones reales con los eventos. La evidencia biológica para sustanciar la creencia en los cambios permanentes en la fisiología de un organismo como resultado de la exposición a contingencias de reforzamiento no existe. Aun más, la sugerencia de que la evidencia fisiológica explicará “por qué un organismo entonces se comporta de manera distinta” es claramente reduccionista. Es equivalente a decir que una parte del organismo determina las actividades de las otras partes o del organismo como un todo. Ciertamente, la tendencia general de Skinner para explicar el fenómeno psicológico al apelar a la biología es aparente en muchos otros contextos. Por ejemplo, Skinner piensa que la fisiología promete tomar en cuenta la conducta será verdaderamente “causal” como opuesta a lo “histórico”. Él dice (Skinner, 1969, p. 282-283):
Cuando podemos observar el estado momentáneo de un organismo, debemos estar preparados para ello, en lugar de la historia responsable de ello, para predecir la conducta… entonces deberíamos saber qué significa decir que una parte de tal cuenta “explica” la otra parte.
Para Kantor esta es una forma de construcción completamente ilegítima. La actividad psicológica, desde su punto de vista, no es el funcionamiento de los mecanismos biológicos, sino las acciones del organismo completo en interacción con las condiciones estimulantes. Dado que el organismo es un organismo biológico, los factores biológicos necesariamente están involucrados en toda actividad psicológica pero los factores biológicos son meramente participantes no tienen un estatus especial como determinadores o causas de la actividad psicológica. Él dice (1922, p. 40):
No debemos engañarnos por la superposición de algunos de los datos psicológicos con hechos biológicos para distorsionar tales datos por la indulgencia en explicaciones fisiológicas generales; porque, en primer lugar, los fenómenos psicológicos no son más fisiológicos que físicos, y en segundo lugar, el argumento de que todas las ciencias, por ser fenómenos humanos, se basan en la sociología. El único procedimiento científico válido es reconocer plenamente cualquier hecho que estudiemos sin intentar transformarlo violentamente en otra cosa.
Para Kantor, en contraste con Skinner, el producto de la historia interconductual no es la evolución de un organismo, sino la evolución de las relaciones estímulo-respuesta. A diferencia de Skinner, los hipotéticos “cambios en el organismo” las relaciones estímulo-respuesta son observables. Son el objeto de estudio de la psicología.
El organocentrismo de Skinner y la involuntaria adopción de la filosofía causal se evidencia más por el análisis de su evolución filogenética que ahora veremos.
Los productos de la historia. Desarrollo filogenético. Skinner argumenta que el conductismo radical es una filosofía minuciosamente descriptiva (opuesta a la explicativa). En parte, su argumento descansa en el hecho de que las relaciones estudiadas por los conductistas son funcionales, no causales. Sin embargo, como hemos visto, este argumento es defectuoso. Un segundo aspecto relacionado tiene que ver con el hecho de que el “reforzamiento” no es un concepto circular. Skinner (1953, p. 73) explica:
Observamos la frecuencia de la repuesta seleccionada, entonces podemos hacer un evento contingente sobre ella y observar su cambio en la frecuencia. Si hay un cambio, clasificamos el evento como reforzante para el organismo, dadas las condiciones existentes. No hay nada circular respecto a clasificar eventos en términos de sus efectos: el criterio es tanto empírico como objetivo. Sin embargo, sería circular si entonces afirmáramos que un evento dado fortalece una operante porque está reforzando.
Ciertamente, podemos estar de acuerdo que para una teoría que sea verdaderamente explicatoria en el sentido tradicional, debe suponer abordar el tema de cómo una causa causa su efecto, en términos del conductismo radical, “por qué el reforzamiento fortalece”. Skinner (1953, p. 81-84) reconoce fácilmente su falta de voluntad para abordar este tópico porque hacerlo violaría su enfoque descriptivo declarado. Sin embargo, desafortunadamente él parece no poder refrenar su intento para contesta esta pregunta. Su respuesta (Skinner, 1971, p. 114) tiene la siguiente forma:
El proceso de condicionamiento operante presumiblemente se desarrolló cuando los organismos que se vieron afectados de manera más sensible por las consecuencias de su comportamiento fueron más capaces de adaptarse a su entorno y sobrevivir.
Por tanto, los organismos heredaron la capacidad de ser afectados por las consecuencias de sus acciones. Esto es, la habilidad de ser afectado por las consecuencias llega a ser parte del equipo biológico del organismo. Incluso, los organismos no sólo heredan esta capacidad general, sino que heredan susceptibilidades a consecuencias particulares, por ejemplo, la comida, el agua y contacto sexual. El análisis parece ser especialmente convincente porque toma en consideración tanto la supervivencia del individuo como la de las especies. Sin embargo, no tan convincente es la susceptibilidad heredada del reforzamiento por signos de daño a otros como una explicación de la agresión (Skinner, 1969, p. 195) y la susceptibilidad heredada del reforzamiento por la proximidad de la madre como una explicación a la impronta (Skinner, 1969, p. 187). Presumiblemente otras susceptibilidades podrían inventarse según lo dicten las circunstancias, por ejemplo, él menciona la posibilidad de que aparezca en los humanos un instinto de límite de población cuando las condiciones lleguen a ser suficientemente de hacinamiento (Skinner, 1969, p. 199). En resumen, de acuerdo a Skinner, las consecuencias fortalecen la conducta porque estamos “construidos de esa manera” y consecuencias particulares fortalecen la conducta más que otras, o por exclusión de otras, debido a que estamos “construidos de esa manera”.
No hace falta decir que este análisis no está basado en confrontaciones con los eventos. Dado que el reforzamiento implica nada más que una correlación observada y dado que los eventos siempre tienen consecuencias de alguna clase (desde el punto de vista de simples secuencias temporales) uno se pregunta qué podría significar la evolución del “proceso del condicionamiento operante”. La implicación es que en un momento hubo organismos que eran “insensibles” a las consecuencias de sus acciones Skinner, 1971, p. 136). Pero, las consecuencias, como consecuencias, son construcciones. Y como eventos no son más que eventos de estímulo con los que interactúa el organismo. ¿Debemos suponer que en un tiempo no había secuencias temporales de eventos y no había interacciones estímulo-respuesta? Puede ser, pero tampoco había organismos en ese tiempo así que el punto es discutible. Nuevamente, el problema de Skinner es asumir que las relaciones funcionales no son diferentes de las relaciones causales. Cometido este error, debe sugerir que el reforzamiento fortalece y la sola respuesta plausible parece descansar en el organismo. Él dice que la evolución es un cambio “dirigido” (1971, p. 136): genéticamente una especie llega ser mejor y más equipada al ser condicionada de manera operante, históricamente los organismos llegan a ser más y más sensibles a las consecuencias de sus acciones.
No obstante, la solución de Skinner al problema de cómo un causa causa sus efectos no es factible. No hay solución plausible para una pregunta ilegítima. La pregunta es ilegítima porque asume que los factores causales son cosas o eventos singulares, como se supone que los efectos deben ser. Una pregunta causal legítima es la que pregunta “cómo los factores constituyentes de las cosas, sus propiedades y condiciones se organizan en una situación de evento (Kantor, 1950, p. 156). Para Kantor, los cambios causales son funciones no de eventos singulares, sino de “cambios mutuos y recíprocos en cada aspecto de un sistema factorial” (Kantor, 1950, p. 157). El conocimiento causal es simplemente conocimiento de las interrelaciones de los componentes del campo que, por supuesto, incluyen las consecuencias, pero no están restringidos a ellas.
Resumen y conclusiones
A pesar de las semejanzas entre las filosofías de Kantor y de Skinner, prevalece cierto número de diferencias fundamentales. Estas diferencias tienen sus orígenes en las unidades de análisis seleccionadas por los dos personajes. Kantor aisló las funciones obteniendo su unidad entre la respuesta y el estímulo mientras que Skinner adaptó su unidad que consistía en las respuestas. Estos resultados de diferentes puntos de vista conciernen a la naturaleza y operación de los eventos de estímulo que, a su vez, dan pie a otros puntos de desacuerdo. Cuando las repuestas son consideradas aparte de sus relaciones con los estímulos, como en la formulación de Skinner, los estímulos pueden conceptuarse como entidades independientes teniendo un rol causal con respecto a las respuestas. De acuerdo a esto, Skinner identificó tres tipos de relaciones causales incluyendo: elicitación, discriminación y reforzamiento. Teniendo así una posición articulada del determinismo ambiental, Skinner continúa explicando esta posición apelando a la autoridad de la biología: se mantiene que la capacidad de ser condicionado de manera operante es un producto de la selección natural. Asimismo, la capacidad de ser condicionado por ciertos estímulos más que otros, es debido a la “susceptibilidad heredada al reforzamiento”. Sin embargo, estas herencias no son suficientes para explicar el desarrollo ontogenético particularmente cómo se relaciona el aspecto de por qué un organismo es capaz de hacer hoy lo que aprendió ayer. En este caso, la explicación de Skinner es reduccionista. Se dice que el condicionamiento operante cambia fisiológicamente al organismo y el organismo modificado, por tanto, es capaz de actuar en formas modificadas. En resumen, el reforzamiento emerge como un principio causal operando por medio de ocurrencias biológicas y explicado al apelar a las misma.
Dado que Kantor aisló las funciones de estímulo-respuesta como opuestas a las respuestas como su unidad de análisis, estas construcciones concerniendo a esta unidad están totalmente en desacuerdo con las de Skinner. Desde la perspectiva de Kantor, los estímulos, como fases de un fenómeno unitario que involucra respuestas no puede abstraerse de esta unidad para dar cuenta de la ocurrencia de respuestas: los estímulos no causan respuestas, ellos participan, a lo largo con las respuestas en relaciones funcionales que involucran a ambos. En ello, la causalidad se refiere a la configuración de los factores contextuales en los que tales funciones están incrustadas, no es una propiedad de un objeto o evento aislado.
Habiendo simplemente descrito los eventos como se observan al ocurrir, sin intentar explicarlos apelando a cualquier único factor, Kantor se libra de la obligación de explicar su explicación. No hay llamado a la autoridad biológica. Desde una perspectiva ontogenética, se dice que las funciones, no los organismos, se desarrollan La historia interconductual es evolución de las relaciones de estímulo-respuesta. La relación actual es sólo un punto en esa evolución. Desde una perspectiva filogenética, los organismos evolucionan, no sus interacciones con el medio ambiente, como Skinner lo diría. Ciertamente, la filogénesis es un aspecto biológico, los organismos evolucionan, pero no es una explicación para los eventos psicológicos.
Estas diferencias no pueden ser reconciliadas, el conductismo radical de Skinner está basado en una filosofía tradicional causal, sin la cual no tendría sentido o significancia. El constructo causal de reforzamiento es central, como para ser abandonado. Tampoco es posible transformar la posición teórica de campo de Kantor para dar un estatus especial a eventos particulares en la determinación de otros eventos. Hacerlo violaría el principio de la interdepedendencia –el aspecto más distinguido del interconductismo.
Los esfuerzos para revelar las semejanzas entre el conductismo radical y el interconductismo y para brindar la reconciliación en el terreno filosófico, sirven sólo para encubrir sus grandes diferencias reales. También previene su aplicación sistemática a los problemas para la que cada una de ellas particularmente es adecuada. El conductismo radical desarrolló un interés en la predicción y en el control de la conducta. Como tal, es particularmente adecuado a los problemas locales que surgen durante las fases de investigación del trabajo científico. Los constructos causales pueden tener alguna significancia en este dominio, aunque aquí no se refieren a eventos sino a manipulaciones sobre ellos, debe tenerse cuidado para evitar tales confusiones. Para problemas de mayor alcance, como los que se encuentran en las fases postulacionales del trabajo científico, el conductismo radical tiene poco que ofrecer. No se ha formulado de una forma sistemática y, como resultado, continúan las inconsistencias sin percibirse y sin corregirse. No es lo suficientemente consciente o crítico de su herencia filosófica para servir como una base útil para la ciencia del comportamiento.
El interconductismo de Kantor no sufre de estas inadecuaciones. La filosofía de Kantor está rigurosamente sistematizada por lo cual las inconsistencias son eliminadas e incluso, se ha hecho un intento deliberado para evitar el entrelazamiento con las instituciones culturales de tipo metafísico. Es este tipo de filosofía que puede proveer un fundamento para una ciencia natural de la conducta. Además, dado que los eventos y los constructos son más claramente distinguibles en el sistema de Kantor, puede servir para un propósito útil el trabajo descriptivo en la ciencia. La descripción no es un aspecto aislado o sin importancia en el trabajo científico. Es el producto tanto de la postulación como de la observación y sirve como un punto de inicio para la investigación, así como para la construcción de la teoría. Por otro lado, el interconductismo no ha sido articulado de acuerdo a las demandas de la ciencia experimental y por esta razón, no es particularmente adecuado para los problemas que surgen en este contexto.
Una reconciliación de filosofías fundamentalmente diferentes, en las que las características esenciales de cada una sean preservadas, no es posible lograr. Mi meta ha sido sustanciar esta afirmación e indicar además que los intentos por reconciliar el conductismo radical y el interconductismo puede que no solo no produzca frutos, sino que en realidad puede constituir un perjuicio para el área.
Referencias
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Skinner, B. F. (1971). Beyond freedom and dignity. New York: Alfred A. Knopf, Inc.
Skinner, B. F. (1974). About behaviorism. New York: Alfred A. Knopf, Inc.
[1] Una versión anterior de este artículo fue hecha en 1979, como parte de la disertación doctoral en filosofía en la Universidad de Michigan. Pueden enviarse solicitudes de reimpresión a Linda J. Parrot, Psychology Department West Virginia University, P.O. Box 6040, Morgantown, WV 26506.
[2] El castigo no está considerado ser el opuesto al reforzamiento en el sistema de reforzamiento de Skinner (1953, p. 183-193). Más bien, funciona por elicitar o evocar respuestas incompatibles que están fortalecidas por el reforzamento, desplazando la respuesta castigada. Por estas razones, sólo las contingencias de reforzamiento son descritas en este trabajo. Incluso, debido a que tempranamente en su The Behavior of Organisms, Skinner reconoce su interés específicamente en la conducta operante, la conducta respondiente tampoco será considerada en detalle.
[3] Es interesante notar que Skinner declara que fue Kantor quien finalmente lo convenció de los peligros de usar el término “drive” (Skinner, 1966, p. x)




